El contexto: cuando el tiempo es el verdadero cliente
Las campañas con deportistas profesionales tienen una variable que lo condiciona absolutamente todo: sus agendas, disponibilidad, contratos y acuerdos con patrocinadores y el club, así como momentos de la temporada, partidos e incluso, a veces, resultados.
Entrenamientos, viajes, compromisos del club, medios, patrocinadores… cada minuto está medido. Eso significa que la producción audiovisual debe adaptarse a ese ecosistema y no al revés.
En este caso, el reto era producir una campaña dinámica, divertida y visualmente potente con Héctor Bellerín, Sergi Altimira, Marc Bartra y Aitor Ruibal. Y hacerlo en la Ciudad Deportiva Luis del Sol, con múltiples localizaciones, escenografía específica y varios sets funcionando a la vez.
Ahí supimos que el rodaje no empezaba el día de grabación. Empezaba semanas antes.
La fase invisible: donde realmente se gana
En proyectos así, la preproducción es más que una fase: es la clave del proyecto.
Durante semanas coordinamos a todos los interlocutores implicados. Una marca internacional como Trainline, el club, el equipo técnico y producción local. Cada decisión tenía impacto en el tiempo final de rodaje.
Cada plano debía estar diseñado antes de existir.
Diseñar un rodaje que funcione como un reloj
La campaña necesitaba ritmo, humor y energía. Eso implicaba preparar varios escenarios dentro de la ciudad deportiva:
- • Un croma de 4×4 preparado antes de la llegada del jugador.
- • Un sofá de masajes listo para entrar en plano.
- • Un trenecito, vinilado y listo para ser conducido por Héctor Bellerín.
- • Una cinta de correr, un soplador de hojas para simular velocidad.
- • Varias localizaciones preparadas en paralelo.
Nada podía montarse durante el rodaje. Todo debía estar listo antes de que los jugadores terminaran el entrenamiento y llegaran al set.
Una de las grandes verdades de la producción audiovisual deportiva es esta: cuando el talento llega al set, el rodaje no puede empezar… debe estar ya en marcha. Todo tiene que estar preparado, probado y decidido de antemano, porque esos minutos con los deportistas son demasiado valiosos para improvisar.
El día del rodaje: dos horas que pasan en un suspiro
El día de rodaje siempre llega antes de lo que parece.
Cuando los jugadores llegaron, el set ya estaba completamente preparado. El equipo técnico distribuido por departamentos. Los tiempos cronometrados. Los planos interiorizados.
Y aun así, siempre hay un momento en el que todo se acelera.
En este tipo de rodajes, las decisiones no se toman en minutos. Se toman en segundos.
Cambios de timing. Ajustes de blocking. Adaptaciones creativas sobre la marcha. Todo ocurre sin improvisación, sin fricción, porque la fricción ya se resolvió antes.
Cuando trabajas con equipos grandes y multidisciplinares, la confianza y la experiencia se convierten en la verdadera infraestructura del rodaje.